Miquel Ricart

Extractos: Ante la manifestación de la existencia Volumen I

Volumen I: Prosa
1. Señales premonitorias

En aquel entonces el silencio era casi absoluto. El tiempo transcurría a mi favor, y yo 
navegaba indolente por sus aguas. Después, a partir de un día —el día prodigioso— no dejé
de pensar en la posible existencia de una imagen duplicada. Ahora, mientras intento
alejarme con calma de un mundo que de espanto aúlla, palpo mi cuerpo y lo siento arder.
Qué extraño. Con lo frío que está el mundo. No sé de qué manera pueden haber surgido las
telúricas fuentes de calor que en mí han hallado cauce.
Como un héroe trágico hinco en tierra mi rodilla; por todas partes veo ondear señales
premonitorias. Hay unos héroes que son míticos, mágicos, fabulosos... inexistentes al cabo;
pero hay otros héroes, éstos sí reales, que son aquellos que intuyen su futuro, olvidan parte
de su pasado y luchan contra la adversidad sin volver hacia atrás su rostro despavorido.
Todo eso es cierto, y mucho más. Y heme aquí, pese a todo, incorporándome de
nuevo para hacer frente, desde mi cuerpo ligeramente cálido, a las heladas ráfagas del
desespero.

2. Un lugar donde vivir

Para vivir allí. Sólo para eso. Para vivir allí. Pero yo no tenía por qué traspasar nuevos
espacios desconocidos. No, ciertamente. El viaje imaginario tan confusamente previsto
—palabras posibles, presencia indeterminada— era innecesario. Para qué otra vez los
mismos hechos aunque en diferente lugar.
Porque en realidad nada tenía yo que ver con todas aquellas posibilidades distantes. Sí,
todo aquello debía continuar lejos de mí, en la densa niebla de lo desconocido.
Yo estaba convencido de que era mejor no realizar acción alguna que pudiera
sugerir un futuro hipotético, y quién sabe si terrible. Para qué nuevos destinos.
Porque incluso para poder vivir aquí era inmenso el esfuerzo. ¿Partir de nuevo? No.
Debía permanecer en el mismo lugar en que me hallaba. Porque, además, y ésta era otra
circunstancia a tener en cuenta, era preferible evitar la profecía que acecha a quienes
pretenden la travesía del mar.

3. Cada momento pasado,

después de haber sido vivido por el ser, conlleva una
aceptación inevitable para el propio ser, el cual transita, errático, bajo la bóveda inmensa de
la apariencia de las formas. Sí, así es, el ser, en su condición de mortal continúa, pese a
todo —la ciencia, los métodos lógicos, la constatación de los hechos...— doblegado,
vencido irreversiblemente por su propia temporalidad.

4. ¿Acaso todo debe tender a la concreción de la expresión?

Cuando esta tarde atravesaba
los campos saturados de luz reflectante, ¿estaba allí la posibilidad del ser? Cuando dejaba tras de
mí un paisaje inmenso y a la vez tan querido, ¿tenía el ser a mis espaldas, al final de las mieses?
Me he estado desplazando todo el día describiendo órbitas circulares en torno al lugar al
que constantemente acudo, porque sólo en él se contiene lo que yo intuyo del ser.
Bajo los mantos aéreos del calor, al principio de esta nueva noche densa, he decidido
avanzar —cumpliendo las condiciones estrictas de la lógica— hacia el levemente definido
entorno del ser.

5. En el lugar insólito en el que nos hallábamos parecía que círculos concéntricos
limitaran la realidad difusa.

Algo más tarde, después de habernos podido alejar con dificultad de aquellas
inimaginables tinieblas, pude reflexionar levemente tras el vértigo.
En mi interior no cesaban de surgir palabras de reconvención.
6. Deberé elegir, en un futuro inmediato, el camino de sirga o cualquier otro que
conduzca al lugar donde se halla el friso de los íbices. En realidad, al final de la mayoría de
los trayectos, agua y piedra concurren. Y no es inverosímil imaginar que en esa confluencia
—en su simbología líquida y compacta— pueda hallarse la respuesta al porqué del comienzo de
los itinerarios inevitables.

7.Sobre los torsos erguidos de aquellos jinetes foscos
se intuía ya la muerte M. R.

Yo vivo en el mundo de mi lenguaje. Lo demás queda lejos, se diría que no existe,
que está su pretendida realidad casi extinta. Al menos, así lo vive mi percepción. Porque
¿dónde se encuentra ahora “todo aquello ya pasado”? Si hasta lo acontecido hace un > >instante es ya recuerdo. Por otra parte, no parece tener límite —ni espacial ni
temporal— la afirmación de lo ambiguo. ¿De qué son prólogo o presagio el silencio y la
soledad? Posiblemente del ser en su autenticidad. Ante un mundo que hostiga con
totalidades conceptuales y fácticas no cabe responder sino con soledad y silencio. Y así el
ser se manifiesta exacto.
Y el enorme conjunto de las obras literarias realizadas hasta la fecha ¿adónde nos
conduce, si es que hay previsión de destino para objetivo tan disperso? Quizá escribir no sea
más que afirmar parcialmente, discurrir sólo sobre según qué, dudar de casi todo, sucumbir
a menudo, ensalzarse y caer de forma alternativa, descender y de inmediato seguir el camino
inverso...

8. Relatividad.

Planos del pensamiento situados en diferentes estratos. Por encima de la
evidencia existe una extraña cosificación. Argumentos inconexos. Distancia e itinerario. De
parte a parte. Lenguaje cerrado. Totalidad de límites dispersos. Hasta el infinito. Y el contorno
se expande sin cesar. Transformación ante un ser que desconozco. Sí, son trazos quebrados.
Nombres escindidos. Incógnitas, premoniciones, ansiedad, voz, tono, acento... Norma y
transfiguración. Acracia. Corporeidad. Líneas complejas. Aparente error que clama. Ángel
caído. Fulgor. Resurgir incierto. Castigo y renovación. Hora y lugar. Haz simbólico. Sonido,
eco y reverberación. División. Aún más, sí, más aún y para siempre. Reducción a cero. Aura
dorada. Aniquilación.
9. Como cada hombre. Ser substancial. Ocurre cada vez y para cada hombre: momento
último que permanece incógnito.
Ente que ruge.
Mientras, a cada instante, fenecen en línea multitudes humanas en clásica formación
de combate. Caen sin cesar.
Ser humano, extraño e imperfecto ser tantas veces contemplado.
Seres todos diferentes. Realidad del ser, incompresible hasta la exageración y la
angustia.
Como cada hombre: evolución del neántropo primordial del tiempo de los orígenes, forma
homínida, futura e incrédula víctima innominada.

10. Paisajes nocturnos

La soledad está siempre formando parte de lo más inmediato al ser. En el silencio de la
noche que acompaña cíclicamente al hombre no hay a menudo más que una realidad plena y
sentida. Casi todo lo existente parece entonces haber desaparecido. Pasión y afecto parecen
resurgir al unísono de las hondas cavidades de la evocación. ¡Por fin vuelven aquellos que
añoramos! ¡Por fin concluye una angustia cuyo origen sí conocemos!
No se acostumbra a mirar más allá de donde se difuminan los contornos de los cuerpos. Y
entre estos y el sonido de las voces es difícil apreciar la magnitud de los fulgores nocturnos, su
intensidad o su frecuencia. Pronto cesarán voces y sonidos, en cuanto avance la noche y se
vayan extinguiendo las luces que ahora aun brillan; entonces, los cuerpos —tanto los que
vislumbro como los que presiento— irán, uno tras otro, doblegándose en silencio